28 Marzo de 2025 09:29

La caza del fugitivo llegó a su fin. Rubén Alexander Sanabria, el hombre de 24 años acusado del brutal asesinato de la pequeña Luz Milagros Mendoza Del Valle, de tan sólo tres años, fue capturado en la provincia de Santa Fe. Sobre él pesaba un pedido de captura nacional e internacional, pero su intento de huida terminó abruptamente cuando un operativo conjunto de la Policía Federal Argentina (PFA) y la Policía de la Provincia de Buenos Aires lo halló escondido en una vivienda en el peligroso Barrio Vía Honda de Rosario. En una trama digna de una pesadilla, su propio tío lo había estado encubriendo tras el escalofriante homicidio.
El despliegue policial fue certero. Un trabajo minucioso de inteligencia, entrecruzamiento de llamadas y análisis de geolocalización permitieron acorralar a Sanabria. Durante su estancia en Rosario, el acusado intentó borrar su rastro: tras pasar tres horas en las proximidades del Patio de la Madera, descartó la tarjeta SIM de su teléfono. Pero el cerco sobre él ya estaba cerrado. Gracias a un riguroso rastreo de antenas, celdas y vectores de GPS, los investigadores determinaron su ubicación exacta. Fue entonces cuando los agentes lo avistaron: tras las rejas de la vivienda en la que se ocultaba, Sanabria se asomó a la puerta, sellando así su destino.
No hubo margen para el escape. En cuestión de segundos, la Policía irrumpió en el lugar y lo redujo. Con su captura, las autoridades rosarinas dispusieron su traslado inmediato a una dependencia policial santafesina, donde permanecerá hasta ser extraditado a La Matanza para enfrentar la Justicia. El crimen de Luz Milagros estremeció al país entero. La pequeña, de apenas tres años, murió tras recibir una despiadada golpiza en una casa de Rafael Castillo. Su madre, Susana Del Valle Cubas, la llevó al hospital "Simplemente Evita" cuando ya no tenía signos vitales. Los médicos quedaron horrorizados al examinar su cuerpito.
De acuerdo a las autoridades, la menor tenía hematomas en la cabeza, los brazos, la espalda y las piernas, heridas provocadas por golpes de palos, cables y otros objetos contundentes. La autopsia confirmó lo que los investigadores temían: Luz había sufrido una brutal paliza. El principal sospechoso siempre fue su padrastro, Sanabria, quien escapó antes de que llegara la Policía. Pero la trama del horror no terminó allí. Su madre también fue arrestada por su participación en el infierno que vivió la pequeña. La fiscalía la acusa de homicidio triplemente agravado por el vínculo, con ensañamiento y alevosía, un delito que podría costarle la cadena perpetua.
El caso de Luz no fue un hecho aislado. Su hermana de siete años también era víctima de violencia. Las marcas en su cuerpo evidenciaban años de sufrimiento. La tragedia de esta familia se convirtió en un símbolo del horror que padecen muchas infancias silenciadas por el miedo y el abuso. Ahora, con Sanabria tras las rejas, la Justicia tiene la responsabilidad de hacer valer la memoria de Luz. El país entero clama por un castigo ejemplar.