27 Febrero de 2025 08:37

La ciudad de La Plata se estremeció con el eco de un grito desgarrador: "¡Justicia por Kim!". Familiares, amigos y vecinos de la pequeña Kim Gómez, de solo siete años, marcharon ayer por las calles de la capital bonaerense exigiendo respuestas y clamando por seguridad tras el brutal asesinato de la niña. La escena fue de un dramatismo abrumador. Carteles en alto, velas encendidas, lágrimas incontenibles y una sola consigna en la boca de todos: "No queremos más niños muertos". Kim fue asesinada de la manera más atroz. Dos delincuentes, de apenas 14 y 17 años, le arrebataron el auto a su madre y, en su desesperada huida, la arrastraron durante quince cuadras.
La imagen de su cuerpito golpeando contra el asfalto quedó grabada en la memoria de quienes fueron testigos de una tragedia que, una vez más, expone la cruda realidad de una ciudad sumida en la inseguridad. La manifestación comenzó en Altos de San Lorenzo y pronto se convirtió en un aluvión de dolor. Cuadras enteras colmadas de personas que avanzaban con rabia y tristeza hacia la Plaza Moreno. Allí, frente al Palacio Municipal, la impotencia se transformó en furia.
Sin custodia policial a la vista, un grupo de manifestantes arrojó piedras contra el edificio histórico y rompió vidrios. No hubo respuesta por parte del intendente Julio Alak, quien optó por el silencio mientras su ciudad ardía en indignación. "Hicimos este recorrido viendo la sangre de la criatura", expresaron algunas de las madres que participaron de la marcha. La imagen de la sangre de Kim sobre el asfalto persiguió a los manifestantes a lo largo del trayecto.
Algunos la miraban con incredulidad, otros rompían en llanto. La procesión de familias, bicicletas y motos avanzó hasta la gobernación, donde el reclamo fue directo al gobernador Axel Kicillof. "¡Queremos seguridad!", "¡Asesinos!", gritaban. En la entrada de la gobernación, el silencio se tornó en homenaje. Carteles pegados en las paredes, velas encendidas y un mensaje que se repitió en cada rincón: "Piedad para nuestros hijos". "Pudo ser mi hija, pudo ser mi nieta", decían los asistentes.
Mientras tanto, los carteles rezaban: "Nos están matando. Basta de corrupción". El padre de Kim, Marcos Gómez, con la voz quebrada por la impotencia, expresaba su devastación. "Me arrebataron a mi hija perfecta. Estoy destrozado", declaró ante la prensa. El dolor se transformó en indignación al conocerse detalles del caso. Uno de los detenidos, el adolescente de 17 años, había sido arrestado a principios de mes por un intento de robo automotor con la misma modalidad.
Sin embargo, la Justicia lo dejó en libertad. Hoy, esa decisión pesa como una condena sobre quienes no evitaron el crimen. "Si lo hubieran dejado preso, Kim estaría viva", repetían los manifestantes entre lágrimas y rabia contenida. Los detenidos son menores de edad, pero para la familia de Kim, eso no es excusa. "Que paguen lo que tengan que pagar", exigió Franco Chamorro, pareja de la hermana del joven de 17 años, en un desgarrador testimonio. "Si tienen que morirse en la cárcel, que se mueran", sentenció con la voz firme, reflejando el dolor y la vergüenza de su propia familia por lo sucedido.
Mientras tanto, la investigación avanza. La fiscal Carmen Ibarra reveló detalles estremecedores de la autopsia: Kim sufrió un "shock hipovolémico secundario a politraumatismos". Fracturas múltiples, lesiones por arrastre, heridas irreparables. La brutalidad del crimen queda evidenciada en cada palabra de los forenses. El martes, la niña subió al auto de su madre sin saber que minutos después sería la protagonista de una tragedia que conmocionaría al país. Al llegar a un semáforo, su madre fue interceptada por dos adolescentes armados. La bajaron a la fuerza y huyeron con Kim en el asiento trasero.
La pequeña quedó enganchada con el cinturón de seguridad y fue arrastrada violentamente hasta que el auto chocó contra una columna. Luego, los delincuentes intentaron huir, pero fueron capturados. Las imágenes de la cámara de seguridad que registró la escena son desgarradoras. La Plata entera vio cómo su cuerpito inerte golpeaba contra el asfalto una y otra vez. Hoy, La Plata llora a Kim. Llora por su inocencia truncada, por su vida robada, por la violencia que no da tregua. Pero también grita. Grita con fuerza para que su muerte no quede impune, para que los responsables paguen, para que otro niño no sea la próxima víctima.