La carta fue breve, escrita con esfuerzo en medio del dolor, y alcanzó para estremecer a su pareja. "Esta noche me van a violar", decía el papel que una mujer internada en terapia intensiva le entregó a su marido. Sin poder hablar por las secuelas de una encefalitis severa -consecuencia de un lupus que la mantiene en estado crítico-, encontró en esas palabras la única forma posible de advertir el calvario que, asegura, vive en el lugar que debería cuidarla: el Hospital Rawson de Córdoba. La denuncia, tan brutal como desesperada, activó de inmediato los protocolos por abuso sexual dentro de la institución médica.
Personal de Investigaciones Criminales de la Policía de Córdoba se presentó el jueves por la mañana para comenzar con las pericias, mientras la Justicia, encabezada por la fiscal Ingrid Vago, intenta reconstruir los hechos y determinar quién podría ser el agresor. Según informó La Voz del Interior, la paciente, de 34 años, se encuentra internada desde hace más de 40 días en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del hospital público, a raíz de un complejo cuadro neurológico. La gravedad de su estado es tal que permanece en aislamiento y sin capacidad plena de comunicación, lo que vuelve más difícil -y al mismo tiempo más urgente- la investigación judicial.
La carta llegó a manos del esposo de la mujer en los últimos días. La víctima no puede hablar debido a las secuelas de la enfermedad y a los fármacos que recibe. Su denuncia, entonces, fue escrita a mano y entregada en silencio. Fue suficiente para que su marido elevara la voz que ella no puede usar. La directora del hospital, Claudia Toledo, confirmó que se activó el protocolo correspondiente y que se dio aviso inmediato a las autoridades. "Está en una sala de terapia intensiva con alta circulación de personal. Hay muchos enfermeros, médicos de guardia, kinesiólogos y coordinadores", explicó la profesional.
Aseguró también que el espacio no está aislado del resto del hospital y que no existen cámaras de seguridad en esa zona, lo que complica la posibilidad de identificar al presunto agresor. Hasta el momento, ningún empleado fue separado de su cargo. "No hay elementos que lo justifiquen", afirmó Toledo, aunque admitió que el hospital trabaja en conjunto con el Ministerio de Salud para reforzar las medidas de protección hacia la paciente. Entre ellas, se estableció un protocolo de visita extendido para permitir que los familiares puedan permanecer más tiempo junto a la mujer y se asignó un efectivo policial permanente en la puerta de su habitación.
Al mismo tiempo, trascendió que se restringió el acceso a la sala con una lista cerrada del personal autorizado. La Justicia ahora enfrenta una investigación compleja, no solo por la falta de registros visuales, sino también por las condiciones de salud de la víctima. Según confirmaron fuentes médicas, la paciente sufre una encefalitis viral, una inflamación del cerebro que provoca alteraciones neurológicas severas, y se encuentra en una etapa crítica del tratamiento.
Los médicos esperan una leve evolución que permita algún tipo de comunicación más directa. "El caso es delicado, tanto por la salud de la víctima como por la dificultad de obtener pruebas claras", reconoció una fuente cercana a la causa. Mientras tanto, el entorno de la paciente exige justicia y apunta a una presunta falla grave en los mecanismos de protección dentro del hospital. Mientras la Justicia trabaja contra el tiempo, una mujer permanece en silencio, luchando por su vida, esperando ser escuchada. Su carta es el único testimonio, por ahora, de una verdad que exige ser esclarecida.