El discurso del presidente Javier Milei en el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas desató una intensa polémica. En su intervención, el mandatario libertario intentó mantener un tono reivindicativo sobre la soberanía argentina en las islas, pero al mismo tiempo apeló a un argumento británico que Argentina viene rechazando y rechazó históricamente: la autodeterminación de los kelpers. "Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos", dijo Milei.
Sin embargo, minutos después, sostuvo: "Queremos volver a insistir en nuestro reclamo inclaudicable por las Islas Malvinas, reforzando el compromiso de agotar todos los recursos diplomáticos a nuestro alcance para que vuelvan a manos argentinas". Dos afirmaciones que, lejos de complementarse, reflejan una contradicción fundamental en la política exterior del Gobierno. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, intentó explicar la ambigüedad del mensaje presidencial. "Me parece que lo dijo en un sentido de ejemplaridad, no lo dijo en un sentido de que esta es la política internacional del Gobierno", afirmó en declaraciones radiales.
También admitió que, hasta ahora, la estrategia argentina para recuperar las islas fue un fracaso, y criticó el abordaje político de la cuestión: "Hemos gritado mucho, pero nunca logramos ningún objetivo". Lo propio hizo el ministro de Defensa de la Nación, Luis Petri, quien también salió en defensa de las declaraciones del presidente en una entrevista con el periodista Eduardo Feinmann en Radio Mitre. "El presidente dijo que es imprescindible cambiar la forma en la cual vamos a hacer este reclamo. Siendo potencia, seguramente vamos a tener muchas más chances de recuperar las Islas Malvinas que con el discurso maniqueo del kirchnerismo", dijo.
El giro discursivo de Milei generó un inmediato rechazo por parte de diversos sectores políticos y sociales. Mientras que el Presidente promete agotar todas las instancias diplomáticas, su comentario sobre que los malvinenses deberían "elegir ser argentinos" se alinea peligrosamente con la postura británica, que sostiene que el destino de las islas depende de la voluntad de sus habitantes. Este es un punto clave que Argentina combatió en todos los foros internacionales, basando su reclamo en la Resolución 2065 de la ONU, que insta a una negociación entre Reino Unido y Argentina sin considerar la autodeterminación de los kelpers.
Además, el discurso de Milei incluyó críticas a la clase política tradicional, a la que responsabilizó de haber debilitado la posición argentina frente a Reino Unido. En paralelo, buscó reforzar la figura de las Fuerzas Armadas y anunció la promoción simbólica de veteranos de Malvinas. Sin embargo, su comentario sobre "el voto con los pies" opacó cualquier otro mensaje y terminó generando confusión sobre la verdadera postura del Gobierno respecto al histórico reclamo de soberanía. En este marco, el intento de Bullrich por suavizar la polémica dejó en evidencia la falta de una estrategia clara en materia de política exterior. "Si la Argentina es un país con bienestar, con trabajo, con buenos sueldos, con seguridad, la gente va a querer venir y ahí también los que habitan las Malvinas", insistió la ministra.
Pero esta afirmación, lejos de esclarecer la posición del Gobierno, refuerza la idea de que el Presidente no midió el impacto de sus palabras o que, directamente, su administración carece de una visión coherente sobre el tema. Mientras Milei se aferra a la retórica de que Argentina será tan próspera que los malvinenses desearán sumarse voluntariamente, la realidad geopolítica y el derecho internacional sugieren que la recuperación de las islas requiere algo más que meras declaraciones. Por ahora, su discurso sumó confusión y generado una nueva controversia que pone en duda la solidez de su estrategia diplomática.