Un acto que roza lo grotesco: el Gobierno Nacional ordenó la remoción y destrucción del monumento al periodista y escritor Osvaldo Bayer en Río Gallegos, apenas un día después del Día Nacional de la Memoria. La decisión, ejecutada con precisión quirúrgica y un timing que no podría ser más simbólico, ha encendido las críticas en todo el país y fue Pablo Grasso, intendente de Río Gallegos quien lo calificó como un acto de "pobreza intelectual".
Grasso no ahorró palabras para describir lo ocurrido. Según él, los argumentos esgrimidos por el Ejecutivo son "totalmente falaces y mentirosos". Desde el Ejecutivo alegaron "problemas pluviales" o "contaminación visual"; sin embargo, el funcionario desmintió categóricamente esos alegatos: "Nunca hubo problemas pluviales y el monumento no contamina visualmente a nadie porque está en el portal de ingreso de Río Gallegos", afirmó el intendente con indignación.
La maniobra, ejecutada sin aviso previo ni justificación adecuada, no sólo indignó a los habitantes de Río Gallegos, sino que dejó un sabor amargo en quienes ven en Bayer una figura clave de la historia y la cultura argentina. Grasso no dudó en señalar que esto fue "un golpe, realmente (...) Metieron la pata y no saben cómo salir", sentenció, dejando claro que este episodio pasará a los anales del absurdo político.
El intendente no se quedó ahí. En sus declaraciones, subrayó el carácter simbólico del ataque: "Una institución del Estado destruyó un patrimonio de todos. Eso es lo más grave: mandar a una institución gubernamental, que pagamos entre todos, a destruir algo que hemos pagado también entre todos y que representa nuestra Patagonia".
La figura de Bayer, reconocido por sus investigaciones sobre las huelgas patagónicas de 1920 y 1921 y por su lucha incansable por la memoria e identidad argentina, parece haber sido demasiado para un gobierno que, no tolera las ideas contrarias: "El daño que han hecho fue tan grave que no pueden arreglarla", lamentó el intendente. Y no se refería solo al daño material.
El escultor del monumento, Miguel Villalba, también quedó atrapado en esta tragicomedia nacional. Según Grasso, tras comunicarse con él se llegó a la conclusión de que "nos cuesta más arreglarla que hacerla de nuevo". La obra fue destrozada, doblada y rota con tal saña que reparar el daño sería casi tan costoso como reconstruirla desde cero.
El intendente también aprovechó para recordar su propio manejo de monumentos históricos. "Yo saqué el monumento de (Julio Argentino) Roca del pleno centro de la ciudad, pero lo llevé a un lugar donde tenemos los monumentos de la democracia, que es la Plaza de los Presidentes. Lo dejé a un costado porque no fue parte de la democracia, pero no lo destruí, no lo decapité, no lo tiré", explicó.
La fecha elegida para este acto tampoco pasó desapercibida. Grasso señaló con ironía que "no tuvieron las agallas de poder hacerlo el mismo 24 de marzo; lo han hecho el día después". Un detalle que habla más alto que cualquier discurso oficial: "Ha sido todo un mensaje para ellos, para los que piensan que realmente está bien fusilar a quien piensa distinto", agregó.
El gobierno de La Libertad Avanza parece haber hecho gala de un nuevo acto de autoritarismo. Mientras tanto, en Río Gallegos ya se planea levantar un nuevo monumento en honor a Bayer. "Por supuesto vamos a volver a levantarlo dentro de lo que es el ejido", aseguró Grasso. Aunque esta vez será una obra diferente, porque reparar el daño sería imposible.
¿El próximo paso del Gobierno Nacional será declarar ilegal la memoria histórica o imponer multas por recordar a figuras incómodas? Todavía es incierta la respuesta de esa pregunta pero mientras tanto, el legado de Osvaldo Bayer sigue vivo en quienes entienden que la memoria no se destruye con retroexcavadoras ni con órdenes ejecutivas y entre quienes quieran seguir manteniendo la memoria activa como los y las ciudadanas de Río Gallegos.