Estados Unidos, con su característico enfoque de "América primero", decidió subir los aranceles a las exportaciones de todos los países. Argentina, como de costumbre, juega su propio partido entre la preocupación y la complacencia. En una muestra de pragmatismo político, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, minimizó el impacto de la medida al asegurar que "el 99% de los problemas son nuestros". Es decir, si bien los nuevos aranceles nos afectan, el verdadero problema sigue estando puertas adentro. "Cuando miramos los problemas que tiene Argentina, el 99% de los problemas son nuestros, pero lo de afuera puede afectar un poquito más o un poquito menos", resaltó el funcionario al hablar de las políticas implementadas por Donald Trump.
Mientras el gobierno de Javier Milei intenta encontrarle el lado positivo a la decisión de Donald Trump, lo cierto es que el incremento del 10% en los aranceles para los productos argentinos representa un duro golpe al comercio del país. Pero no hay que alarmarse demasiado, según Sturzenegger: "Argentina tiene un acceso más preferencial si se quiere". Una frase que, si bien busca calmar las aguas, deja un eco de resignación más que de ventaja. "Vos tenés países a los cuales los accesos se les hace más complicado y Argentina ni por asomo tiene un efecto similar", desarrolló Sturzenegger.
El propio Milei intenta presentar la relación con Trump como un activo político. No es casual que en la American Patriots Gala, donde recibió el premio "Lion of Liberty Award", haya asegurado que su objetivo es "ser el país más libre del mundo". Pero, paradójicamente, esa "libertad" parece supeditada a la aprobación de Washington. Según las propias palabras del presidente, Argentina se embarca en la "armonización de los aranceles" para cumplir con los requisitos impuestos por la administración estadounidense. En otras palabras, se hará lo necesario para satisfacer las demandas de Trump, aunque esto implique cambios en la legislación local.
El mensaje entre líneas es claro: si queremos seguir vendiendo nuestros productos a EE.UU., hay que alinearse sin chistar. Para Milei, el hecho de haber sido invitado a la gala en Mar-a-Lago es una prueba de que Argentina está en "primera línea" en la carrera por obtener excepciones arancelarias. Sin embargo, lo que esto demuestra es que el país no está en condiciones de negociar desde una posición de fuerza. "No somos débiles, Argentina es el único país en el continente americano que tiene superávit fiscal. Es uno de los cinco países del mundo que tiene superávit fiscal y eso te da una fortaleza que me parece que es la fortaleza que tiene Javier Milei", dijo Sturzenegger.
Según datos de la Cámara de Comercio de EE.UU. en Argentina (AmCham), las diferencias arancelarias entre ambos países son notorias. Mientras que Argentina impone tarifas del 16% a los alimentos importados, EE.UU. solo grava con un 4,6%. En textiles, el desbalance es aún mayor: 20,9% contra 6,1%. En este contexto, la estrategia de Milei es lograr un "arancel cero" para unos 50 productos argentinos, aunque por ahora la negociación solo incluiría diez. La gran pregunta es: ¿realmente EE.UU. va a ceder en este punto? Históricamente, Washington es muy selectivo en la concesión de beneficios comerciales, y rara vez lo hace sin exigir algo a cambio.
Sturzenegger sostiene que Argentina es "uno de los cinco países del mundo con superávit fiscal" y que eso le da "fortaleza". Pese a esto, la economía real no parece reflejar esa solidez. El superávit fiscal, logrado a costa de un brutal ajuste, no necesariamente se traduce en crecimiento económico ni en mejoras para la población. Mientras tanto, en Estados Unidos, Trump defiende su medida proteccionista con un mensaje populista: "Con estas acciones vamos a hacer de Estados Unidos un gran país nuevamente". En otras palabras, los aranceles no están pensados para beneficiar a Argentina, sino para fortalecer la economía norteamericana.
Y aunque el gobierno busque mostrarse optimista, la realidad es que el comercio bilateral se vuelve más costoso y competitivo para los exportadores locales. "Quién te dice que esto después nos lleve a un lugar mucho mejor en términos de acceso. Creo que habla un poco de esta relación que estableció el presidente Javier Milei con Trump", manifestó el ministro de Desregulación y Transformación del Estado. Desde el gobierno, se insiste en que estas negociaciones podrían desembocar en un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Lo cierto es que un acuerdo de tal magnitud requiere años de negociaciones.
Cabe destacar que en el contexto actual, parece un objetivo más ideológico que realista. Mientras Milei se esfuerza por alinearse con Trump, el resto de los países de la región también buscan su lugar en el nuevo mapa arancelario. Y aunque la retórica oficial intente presentar a la Argentina como un socio privilegiado, la verdad es que el país está jugando una partida en la que no dicta las reglas, sino que simplemente intenta sobrevivir sin perder demasiado en el camino. En definitiva, la estrategia argentina parece reducirse a aplaudir las decisiones de Washington con la esperanza de recibir alguna concesión a cambio.